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Las calles cercanas a la casa de Cristina Kirchner se convierten en el eje de un explosivo ajedrez político en Argentina

El ajedrez político argentino se trasladó este sábado a las calles en torno al piso de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, en una tensa tarde en Buenos Aires con enfervorizados manifestantes a favor de la ex presidenta, la policía desbordada y temor por lo que pueda suceder en los próximos días.

«Hoy amanecí con la esquina de mi casa literalmente sitiada. Las vallas colocadas por el señor Larreta son algo más que impedir la libre circulación. Son algo más que sitiar a la Vicepresidenta de la Nación», escribió Fernández de Kirchner en las primeras horas del día en sus redes sociales. Al atardecer, un grupo enardecido las derribó fue reprimido con agua, gases y golpes de bastón por la policía que había montado un cordón en el perímetro.

Larreta es Horacio Rodríguez Larreta, el alcalde de Buenos Aires, que tiene las competencias de seguridad en la capital argentina y decidió instalar unas vallas para delimitar la zona en torno a la residencia de la ex presidenta, escenario desde hace días de manifestaciones en su apoyo. Este lunes, dos fiscales federales pidieron 12 años de prisión para la vicepresidenta, acusada de corrupción y defraudación al Estado.

En las calles del barrio de Recoleta, una zona de clase media alta y alta de Buenos Aires, se habían instalado cientos de manifestantes que incluso preparaban su comida y pasaban la noche allí. Las quejas de muchos vecinos venían creciendo, y Rodríguez Larreta, opositor al gobierno peronista y aspirante a la presidencia en las elecciones de 2023, decidió actuar: limpiar la zona tras varios días de presencia de manifestantes y controlar los accesos mediante presencia policial y una serie de vallados.

La instalación de las vallas fue la señal para que Fernández de Kirchner alegara que Rodríguez Larreta la estaba virtualmente encarcelando.

«Quieren prohibir las manifestaciones de amor y de apoyo absolutamente pacíficas y alegres, que tienen lugar ante la ya inocultable persecución del ‘partido judicial'», argumentó la vicepresidenta.

«La lógica del señor Larreta es la misma lógica del partido judicial. Para los macristas (seguidores del ex presidente Mauricio Macri): cuidado y protección. Para los peronistas: vallas, infantería de la policía de la ciudad y hasta palos, gas lacrimógeno y gas pimienta como la noche del lunes. Lo dicho ese día por la noche: nunca fueron ni serán democráticos».

La reacción de la dos veces presidenta, que el viernes recibió el apoyo de Pablo Iglesias durante una visita a Buenos Aires del ex vicepresidente de Pedro Sánchez, sumió en el desconcierto a Rodríguez Larreta y a la policía desplegada frente al edificio en el que vive la ex mandataria.

Sorprendido, el gobierno de Buenos Aires vio como el peronismo decidía suspender la manifestación en apoyo a Cristina, prevista en un parque de Buenos Aires, y convocaba a la gente a darle su apoyo frente a su casa. Tras momentos de tensión y conatos de violencia, con las vallas inutilizadas ante la presión de los partidarios de la vicepresidenta, la policía de la ciudad optó finalmente por retirarse y dejar las calles a los manifestantes.

Mario Negri, uno de los líderes parlamentarios de la oposición nucleada en la coalición Juntos por el Cambio, criticó la actitud de los dirigentes del peronismo, agrupados en el Frente de Todos.

«El Frente de Todos se une solamente para defender la impunidad y rechazar unas vallas, mientras aplica un ajuste fenomenal, multiplica la pobreza y arrasa la economía. Confirman que regresaron en 2019 para intentar salvar a Cristina y nada más».

La mención de Negri al «ajuste» tiene que ver con el recorte de partidas presupuestarias ordenado por el nuevo ministro de Economía, Sergio Massa, tercera pata de la mal avenida coalición de familias peronistas que completa el presidente Alberto Fernández, hoy profundamente devaluado en su poder.

El regreso de Fernández de Kirchner al primer plano del debate público se produce tras la llamativa intervención del presidente Fernández en la noche del miércoles, cuando dijo esperar que el fiscal que pide prisión para su vicepresidenta no opte por suicidarse.

Kirchner saluda a sus simpatizantes.
Kirchner saluda a sus simpatizantes.ALEJANDRO SANTA CRUZAFP

«Si alguien está pensando que hay alguien pensando en matar al fiscal (Diego) Luciani… Yo lo que le regalaría al fiscal es algunos tratados de derecho penal, porque por mucho que grite justicia o corrupción, dijo un sin fin de disparates jurídicos. Realmente, alentar la idea de que le puede pasar al fiscal Luciani lo que le pasó a Nisman… que hasta acá lo que le pasó fue que se suicidó, no se probó otra cosa. Yo espero que no haga algo así el fiscal Luciani».                                                                                                                                                                                                                                           El fiscal Alberto Nisman fue encontrado muerto en su piso de Buenos Aires en enero de 2015, un día antes de presentarse ante el Congreso para explicar una fuerte denuncia contra la entonces presidenta Fernández de Kirchner. La justicia argentina investiga un asesinato, no un suicidio, y el propio Fernández sostuvo durante años que «nadie» en el país creia en el suicidio de Nisman. En 2019, cuando Kirchner lo nominó para la presidencia, comenzó a cambiar sus argumentos.

A nivel internacional, entre el miércoles y el jueves, la dos veces presidenta recibió el respaldo público de cinco presidentes de la región: Fernández (Argentina), Andrés Manuel López Obrador (México), Luis Arce (Bolivia), Gustavo Petro (Colombia) y Pedro Castillo (Perú). Todos ellos sostienen que Fernández de Kirchner es víctima del llamado «lawfare», una suerte de confabulación política en la que confluirían la justicia, los medios de comunicación y los gobiernos de una teórica derecha.

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