Opinión

Embalsamó el cadáver de Trujillo sin tener experiencia

SANTO DOMINGO.- Hombre de poco hablar, sereno y de actitudes humildes, fue en los últimos años de su vida cuando el doctor Abel González Massenet aceptó referirse, escuetamente, a su trabajo embalsamando el cadáver del dictador Rafael L. Trujillo en la madrugada del 31 de mayo de 1961.

Reveló que embalsamó el cadáver del dictador sin tener ninguna experiencia en esa materia y siguiendo las instrucciones de un médico amigo, el doctor Napoleón Perdomo (Pipí), quien ignoraba a quién correspondía el cuerpo.

Cuarenta y cuatro años después del acontecimiento, en el 2005, González Massenet dijo no saber a ciencia cierta por qué se le escogió a él para esa tarea, pero supone que se tomó en cuenta su condición de cirujano y su estrecha amistad y compadrazgo con el director del hospital militar George Marión, doctor Francisco González Cruz.

González Massenet, entonces con 47 años de edad, era teniente coronel del Ejército y pertenecía al personal médico del hospital militar. Narró al periodista José Pimentel Muñoz, autor del libro “Abel González: egregio y genial urólogo dominicano”, que González Cruz lo primero que le ordenó hacia la medianoche del 30 de mayo de 1961 fue ir a la clínica Internacional a estar presente en la operación que el doctor Arturo Damirón le practicaría a Pedro Livio Cedeño, participante directo en el atentado a tiros contra Trujillo y quien había resultado seriamente herido.

José Pimentel Muñoz, autor del libro
«Abel González: egregio y genial urólogo dominicano»

Horas después de concluir la intervención –en la que sirvió de asistente de Damirón- González Massenet recibió otra orden de mucha mayor importancia: trasladarse al Palacio Nacional a embalsamar el cadáver del hombre que gobernó con mano dura durante 31 años la República Dominicana.

González Massenet explicó cómo él y González Cruz barajaron la posibilidad de buscar a notables médicos civiles entendidos en el asunto, para que realizaran la cuidadosa tarea de embalsamar el cadáver. Pero esa idea se descartó porque los médicos civiles en condiciones de realizar el trabajo habían sido destacados profesores de medicina y hubiera sido una injusticia mantenerlos detenidos después del embalsamamiento a fin de mantener lo que en ese momento era un secreto: el deceso del Jefe.

Fue por ello que González Massenet y su compañero Juan Francisco Ricardo, cirujano-anestesista, fueron casi al alba a la casa –cercana al hospital militar- del doctor Perdomo, experto en preparar cadáveres en el Instituto de Anatomía de la universidad del Estado. Sin decirle quién era el muerto, le pidieron las explicaciones de cómo embalsamar un cadáver, a lo cual accedió gustoso. Perdomo se ofreció a ir con ellos a preparar el cadáver, cosa que le fue amablemente rechazada.

En el libro de José Pimentel Muñoz, el doctor Perdomo habla del misterio que rodeó la sorpresiva visita a su casa la madrugada del miٞércoles 31 de mayo los médicos militares y dijo que fue horas después, en la tarde de ese mismo día, cuando se enteró de toda la verdad.

González Massenet hizo el embalsamiento acompañado solamente del doctor Juan Francisco Ricardo, cirujano general y técnico anestesista, también oficial del hospital militar, quien antes lo había acompañado cuando presenciaron la operación a Pedro Livio Cedeño.

Hicieron el trtabqajo en una habitación del Palacio Nacional, sin ser molestados por nadie. Solo los doctores José Sobá y Ramón Bergés, médicos muy cercanos a Trujillo, entraron por algunos minutos, sin intervenir absolutamente.

Cadáver conservado

González Massenet, quien ejerció la medicina hasta días antes de su fallecimiento, dijo también haber recibido en el 2005 confidencias de personas que afirmaron haber visto el cadáver de Trujillo en Madrid, en el sentido de que “todavía está entero”. Y explica que “eso significa que el líquido que se le inyectó conservó el cadáver. Es decir, que está como se conservaban las momias antes”.

De su lado, Perdomo, quien en el 2005 tenía 87 años de edad y ya estaba retirado del ejercicio médico, destacó al ser entrevistado por Pimentel Muñoz que “las facciones de una persona conocida pueden ser reconocidas al observarse un cadáver embalsamado”. Considera que el cadáver de Trujillo puede ser reconocido si lo ve alguien que lo conoció mientras vivía.

Fallecimientos

Abel González Massenet falleció el 17 de junio del 2009 cuando se aproximaba a los 95 años de edad. Considerado “maestro de maestros”, practicó la medicina durante 71 años, sobresaliendo como urólogo, especialidad en la que fue número uno en el país durante casi tres décadas. Fue catedrático universitario, oficial superior del Ejército y padre de cinco hijos médicos, son puntos señeros en su hoja de vida.

Napoleón Perdomo (Pipí) falleció el 17 de diciembre del 2012 a los 91 años de edad. Tenía 72 años de ejercicio médico, sobresaliendo como cirujano y profesor universitario.

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